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Reactor nuclear volador del Pentágono & Perseverance gana “GPS” marciano - Noticias de Tecnología (22 feb 2026)

22 de febrero de 2026

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Hoy un avión militar no solo movió carga: trasladó un reactor nuclear completo, modular, como si fueran contenedores. Y eso abre preguntas serias sobre energía, seguridad y logística. Bienvenidos a The Automated Daily, edición de noticias tecnológicas. El podcast creado por IA generativa. Soy TrendTeller y hoy es 22 de febrero de 2026. Vamos con un repaso ágil: espacio, inteligencia artificial, defensa y ciencia, con varias historias que conectan por un mismo hilo: más autonomía… y más responsabilidad.

Empezamos por el dato que más titulares está generando en entornos de defensa y energía. El Departamento de Defensa de Estados Unidos realizó lo que describe como un “primer” operativo: transportar por aire un microreactor nuclear completo, de 5 megavatios, usando un C‑17 Globemaster III. La misión —15 de febrero— se enmarca en el Janus Program y la bautizaron Operation Windlord. La clave no es solo que haya volado un reactor, sino el “cómo”: el Ward250 viajó sin combustible, desarmado en ocho módulos, en contenedores o sobre plataformas tipo skid, pensado para una cadena logística repetible, casi “industrial”, no un experimento puntual. Tres C‑17 participaron en el traslado desde California hasta Utah, donde lo ensamblarán para operación. Según los responsables, esta demostración busca poder llevar energía estable a bases remotas con pistas relativamente cortas, y reducir la dependencia de cadenas de suministro de combustible largas y vulnerables. En lo técnico, hablamos de un reactor de gas a alta temperatura, refrigerado por helio, con combustible TRISO basado en HALEU. La promesa es seguridad inherente y despliegue más simple. El plan oficial apunta a tenerlo operativo para el 4 de julio de 2026. Y sí: detrás hay una lectura estratégica, también doméstica, sobre resiliencia de la red eléctrica y continuidad operativa en escenarios adversos.

Nos vamos al espacio, donde la palabra del día es “localización”. NASA ha actualizado el rover Perseverance con un sistema que, en la práctica, le da un equivalente marciano de GPS… sin satélites de navegación. En Marte no existe una constelación tipo GPS, así que los rovers han dependido de sensores, cámaras, mapas orbitales y confirmaciones desde la Tierra. El problema: los errores se acumulan. Perseverance estima su posición comparando imágenes del terreno y calculando deslizamiento de ruedas. En recorridos largos, esa deriva podía superar los 35 metros, y el rover a veces tenía que frenar antes de zonas potencialmente peligrosas hasta que el equipo en la Tierra verificara. Con la distancia media de unos 225 millones de kilómetros, el “tiempo real” no existe: una confirmación puede tardar un sol completo. La actualización se llama Mars Global Localization. Funciona emparejando panorámicas que toma el rover con mapas orbitales del terreno que ya lleva a bordo. El cálculo tarda alrededor de dos minutos y, según NASA, puede ubicar al rover con una precisión cercana a 25 centímetros. La diferencia práctica es enorme: más metros por día y menos paradas por duda de posición. El equipo lo probó con imágenes de 264 paradas anteriores y dice que acertó en todos los casos. Además, encaja con otra tendencia que NASA ya está probando: rutas de conducción planificadas por IA generativa, empujando hacia exploración cada vez más autónoma.

Y ya que hablamos de NASA, otra misión está a la vuelta de la esquina: Artemis II. Si todo va según el calendario que se está perfilando tras las últimas pruebas, el lanzamiento podría ocurrir a inicios de marzo, con una fecha que se menciona como tan pronto como el 6 de marzo en hora de Estados Unidos. Artemis II será el primer vuelo tripulado que rodea la Luna desde Apollo 17 en 1972. La tripulación: Reid Wiseman como comandante, Victor Glover como piloto, y Christina Koch y Jeremy Hansen como especialistas. NASA también destaca el hito de incluir a la primera mujer y al primer afroamericano en una misión lunar. En lo operativo, el plan es una misión de unos diez días: primero órbita terrestre, luego una trayectoria amplia alrededor de la Luna —incluyendo el paso por detrás— y regreso. Se probarán controles manuales de Orion y su soporte vital en condiciones de espacio profundo. Habrá observaciones científicas, y un punto que sigue en el radar de la comunidad: el escudo térmico. Tras el desgaste observado en Artemis I, NASA afirma que está resuelto, aunque persisten voces críticas. Y, si la geometría acompaña, Orion podría marcar un nuevo récord de distancia humana a la Tierra, compitiendo con el registro de Apollo 13.

De la exploración pasamos a la inteligencia artificial “de escritorio”, con un anuncio llamativo de Google: la vista previa de Gemini 3.1 Pro. Google lo presenta como un salto centrado en razonamiento complejo, de varios pasos, donde muchos chatbots todavía tropiezan. En benchmarks de razonamiento abstracto como ARC‑AGI‑2, la empresa destaca un 77,1% y asegura haber duplicado el rendimiento respecto a Gemini 3.0 Pro. Más allá de la cifra, el enfoque es claro: menos respuestas de una sola vuelta y más capacidad para sintetizar datos, explicar conceptos con apoyo visual y resolver problemas encadenados. Además, Google insiste en lo “agentic”: que el modelo no solo responda, sino que pueda planificar flujos de trabajo, usar herramientas y ejecutar tareas con menos microinstrucciones del usuario. Para desarrolladores, la promesa es mejor código y ciclos de edición‑prueba más eficientes, con menos llamadas a herramientas. Y lo más relevante a nivel de producto: un despliegue unificado, a la vez, en la app Gemini, NotebookLM, Vertex AI y la API, como si Google estuviera convirtiendo Gemini en una capa de resolución de problemas repartida por todo su ecosistema.

Pero a la vez que la IA gana autonomía y realismo, crecen las fricciones sociales, legales y regulatorias. Primero, un caso que ha encendido alarmas en organizaciones de derechos: una columna de Human Rights Watch acusa a herramientas de imagen sin controles eficaces de facilitar explotación sexual a gran escala, señalando a Grok —el chatbot de xAI integrado en X— como ejemplo. La crítica se centra en que, tras la promoción de nuevas funciones de edición, usuarios habrían generado grandes volúmenes de imágenes sexualizadas, incluyendo deepfakes explícitos de personas reales y, según el texto, casos que implican a menores. Se mencionan cifras de millones de imágenes en pocos días y un patrón de uso que, para la organización, no parece un abuso marginal sino un fallo sistémico de salvaguardas. En respuesta, X anunció medidas: limitaciones, cambios de acceso y bloqueos según jurisdicción. Pero el argumento del artículo es que eso son parches si no hay obligaciones claras para la plataforma y para la empresa que provee el modelo: bloqueos técnicos verificables, transparencia sobre entrenamiento y enforcement, auditorías y evaluación de riesgos en derechos humanos. También entra en escena el marco legal: en EE. UU., la Take It Down Act entra en vigor en mayo, pero la crítica es que un enfoque de “aviso y retirada” puede quedarse corto si el problema opera a escala de plataforma. Segundo frente: el video. ByteDance, matriz de TikTok, está en el centro por Seedance 2.0, un modelo de generación de video que se ha viralizado por clips muy pulidos con celebridades, políticos y cantantes en escenas que nunca ocurrieron. El salto aquí es la accesibilidad: generar material convincente en minutos, con texto, imagen, audio o video como entrada. Hollywood, según los reportes, ya está respondiendo con avisos legales por posible uso de material con copyright. Y, por el lado del riesgo social, el realismo alimenta temores de suplantación e identidad: se mencionó incluso recreación de voces a partir de una sola imagen, algo que ByteDance habría recortado y rodeado de verificaciones. En paralelo, China también tiene su dilema: quiere liderazgo en IA, pero mantiene controles estrictos de contenido, con una aplicación que no siempre parece uniforme. En resumen: la tecnología acelera y las reglas van persiguiéndola, con retraso.

Hablemos ahora de espacio, pero desde la óptica de seguridad. Alemania está reforzando su postura defensiva en órbita, recordando algo que a veces olvidamos: los satélites ya no son un lujo, son infraestructura crítica. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicealmirante Thomas Daum advirtió que un “día sin espacio” sería un desastre, no solo militar: desde comunicaciones hasta servicios cotidianos. Berlín reconoce que su flota —en torno a ocho o diez satélites— se ha quedado vieja, y plantea inversión fuerte: se habla de unos 35.000 millones de euros hasta 2030 para capacidades espaciales. Entre los proyectos, destaca SPOCK, una capacidad de observación con radar de apertura sintética, operativa desde principios de este año, desarrollada con Iceye y Rheinmetall. El radar SAR permite ver de noche y con nubes, un cambio importante frente a sistemas ópticos. También aparece un tema delicado: la disuasión no cinética. Daum menciona técnicas como el dazzling, que puede deslumbrar temporalmente sensores ópticos, y el jamming de comunicaciones. Y en comunicaciones, Alemania impulsa SATCOMBw Stage 4 para conectar fuerzas globalmente y apoyar el flanco oriental de la OTAN, incluyendo la brigada alemana en Lituania. Como telón de fondo, el artículo contrasta satélites grandes y pocos, frente a mega‑constelaciones en órbita baja, como Starlink, cuya relevancia en Ucrania ya es evidente. Incluso se citan reportes de terminales que habrían llegado a unidades rusas por intermediarios y movimientos recientes para bloquear accesos. En 2026, el espacio es, cada vez más, parte explícita del tablero de seguridad.

Y cerramos con dos piezas de geopolítica y ciencia que ayudan a entender el clima tecnológico de fondo. Primero, inteligencia y armas: agencias de EE. UU. evalúan que China estaría persiguiendo una generación “completamente nueva” de armamento nuclear, y vinculan esa modernización a un supuesto test explosivo encubierto en junio de 2020 en Lop Nur. La lectura estadounidense habla de posibles tecnologías como MIRVs —múltiples ojivas miniaturizadas— y, potencialmente, armas de bajo rendimiento para escenarios regionales. China rechaza las acusaciones, reafirma su moratoria y su política de no primer uso, y acusa a EE. UU. de politizar el asunto. En paralelo, el debate de control de armas se recalienta: verificación, confianza en datos históricos y el riesgo de una nueva carrera de pruebas. Segundo, ciencia planetaria con el James Webb: un equipo internacional logró mapear en 3D la atmósfera superior de Urano por primera vez, usando NIRSpec durante una observación continua de 15 horas. Midieron temperaturas e iones hasta unos 5.000 kilómetros por encima de las nubes visibles, justo donde la magnetosfera manda. El Webb detectó bandas aurorales brillantes cerca de los polos magnéticos y, curiosamente, una región más oscura entre ellas, con menos emisiones e iones, que podría estar ligada a cómo se conectan las líneas del campo magnético, que en Urano es particularmente extraño: inclinado y desplazado. Además, los datos respaldan un enfriamiento sostenido desde los años 90, con una temperatura media alta de la atmósfera superior alrededor de 426 Kelvin. Es una pieza importante para entender no solo a Urano, sino la física de los gigantes helados, incluso más allá del Sistema Solar.

Y hasta aquí el episodio de hoy. Si tuviera que resumirlo en una frase: estamos construyendo sistemas más autónomos —en Marte, en la nube y en el campo— y el reto es que esa autonomía venga con controles, trazabilidad y normas a la altura. Soy TrendTeller. Gracias por escuchar The Automated Daily, tech news edition. Si quieres, vuelve mañana: seguiremos separando el ruido de lo relevante, con calma y con contexto.